L E N G U A L D Í A
Proyecto de Álvaro: Miami, mayo 2020 (4º de carrera de Arquitectura)

«La presión de tomar una decisión que marcará el resto de tu vida» escrito por A.R.R

Me gustaría compartir con vosotros el testimonio de distintos exalumnos que, como todos, se tuvieron que enfrentar a la difícil decisión de elegir qué estudiar después de la EvAU.

Iré poco a poco subiendo estas colaboraciones para que veáis que hay muchos caminos. Está el estudiante que elige bien a la primera; está el que se confunde pero sigue adelante; está el que cambia hasta encontrar aquello que le gusta… Prácticos, apasionados, realistas, valientes ¿cuál es tu caso?

La gran elección.

Tras 16 años estudiando, contando 4 cursos de infantil, 6 de primaria, 4 de la ESO y 2 de bachillerato y después del mito insuperable de la Selectividad, llegó el momento de decidir qué carrera universitaria escoger. Por si fuera poca la tensión que se sufre durante 2º de bachillerato, ahora tienes la presión de tomar una decisión que marcará el resto de tu vida y, si te equivocas, ¡estás perdido! o al menos esto es lo que nos dicen

Estoy aquí para contarte que todo eso no son más que sandeces. Claro que es un momento importante en tu vida, pero con apenas 18 años tienes derecho a equivocarte y no es el fin del mundo si lo haces. Lo que tienes que tener son las ideas claras y saber lo que te gusta, escuchar los consejos de amigos, familia o profesores, pero saber que al final el que decide y el que va a estudiar eres tú y no ellos.

Mi caso es uno de esos de prueba y error, pero yo lo considero como una experiencia enriquecedora más en la vida. Yo tenía clarísimo que quería trabajar en la Fórmula 1; me encanta ese deporte, y mi sueño era llegar a diseñar un coche de F1. A mí, todo el tema de diseño, dibujo, construcción etc. me ha gustado siempre. El camino más directo para ello era estudiar Ingeniería Aeroespacial y desde 1º de bachillerato tenía claro que esa sería la carrera que estudiaría.

¿Cuáles fueron mis pasos?

En julio de 2015 hice todo el papeleo y me apunté a la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Aeroespacial (ETSIAE) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Llegó septiembre y empezaron las clases y, con ello, vinieron las primeras dudas. Yo sabía que era una carrera difícil, con mucha física, matemáticas, química y yo esperaba que dibujo; estas asignaturas toda la vida se me habían dado muy bien, pero había algo que no me terminaba de enganchar. Llegaron los primero exámenes y las primeras notas. Yo prometo que me los preparaba a conciencia, ¡hasta iba a intensivos de academia! pero no saqué más de un 3.0 en mis primeros parciales.

Después de un primer mes duro, me di cuenta de que lo que fallaba no era que se me dieran mal las asignaturas; lo que fallaba era que no me interesaba un carajo lo que estudiaba. Me ponía a estudiar y cualquier excusa era buena para dejar de hacerlo; incluso, en la biblioteca era el que siempre terminaba convenciendo a mis amigos para irnos. Estaba claro que esa carrera no estaba hecha para mí. Me di cuenta de ello poco antes de Navidades y decidí cambiarme de carrera poco después.

«Somos jóvenes y podemos equivocarnos,

no es ningún drama hacerlo«.

Todo lo contrario a lo que se pueda pensar, no fue ninguna experiencia traumática. Mis padres, que me conocen perfectamente, sabían que yo no disfrutaba de lo que había empezado y mi decisión les pareció perfecta. Aunque no hubiera sido así, a mí no me gustaba lo que estaba estudiando y no iba a seguir con ello. Mis amigos también me apoyaron e incluso algunos profesores con los que hablé, aunque para algún otro fue un pequeño chasco.

Puedo decir con orgullo que el haberme equivocado al elegir ingeniería aeroespacial no fue un grave error, todo lo contrario, me ayudó a conocerme mejor y saber verdaderamente lo que me gustaba. Además, no me arrepiento de nada, porque disfruté muchísimo mi año en la ETSIAE con los amigos que hice, amigos a los que sigo viendo y con los que sigo quedando (ellos sí siguieron en la carrera). Eso sí, aunque fuera a dejar la carrera, seguí yendo a clase el segundo cuatrimestre.

Un año después, en mayo de 2016, me veía en la misma situación: ¿qué carrera debo escoger? . Mi primer intento universitario fallido y la vida universitaria que tuve ese año, me llevaron a descubrir otras carreras. Hubo una que me llamó la atención desde el principio y que poco a poco me fue atrayendo hasta que me decidí por ella: Arquitectura. ¡Era de prever! gustándome el dibujo, el diseño, la construcción y demás, era una carrera hecha para mí, además de que lo llevo en la sangre, seis familiares directos estudiaron algo relacionado con la arquitectura.

Proyecto de Álvaro: Nueva York, Diciembre 2019 (4º de carrera)

La arquitectura es una profesión a la que la gente le tiene miedo desde la crisis del 2008 y el boom inmobiliario . Escuché frases como “Arquitecto ¿eso tiene pocas salidas no?” o “¿Arquitectura?, si los arquitectos no ganan dinero” pero a mí me daba igual. Era mi decisión, y puedo asegurar al 100% que es la mejor decisión que he tomado en la vida.

Cinco largos y duros años después aquí estoy, tras un año de intercambio en Nueva York y haciendo ahora mismo un intercambio en Barcelona, estudiando una carrera que me apasiona, a la que no me importa dedicarle noches enteras en vela (que las hay) y a la que considero más un entretenimiento que otra cosa. No voy a mentir, por momentos es dura y quieres pasar de todo, pero son claramente compensados por los buenos momentos. Puedo afirmar rotundamente que la elección de mi carrera ha marcado el rumbo de mi vida, pero para bien claramente.

Con todo este rollo que he soltado aquí lo que quiero decir simplemente es que obviamente el elegir la carrera que vas a estudiar es importante, pero que más importante es que la elijas TÚ, porque al final es lo que te vas a pasar estudiando durante cuatro, cinco o seis años y a lo que luego te vas a dedicar. Somos jóvenes y podemos equivocarnos, no es ningún drama hacerlo, yo soy una prueba de ello y creo que he salido bastante bien parado.

La vida universitaria es de lo mejor que puede haber y está hecha para estudiar, pero también para disfrutar y pasártelo bien, pero mejor que sea estudiando algo que te gusta y no algo que odias pero “tiene salidas” o “se gana más dinero” y, si no sabes qué estudiar, no te agobies, tienes tiempo de sobra para decidirlo.

Álvaro, un orgulloso «exingeniero» y arquitecto en potencia.